
Una vieja estación. El sabor del mate bien cebado en la boca o quizá... Un poco de café. El viejo vestido se mecía con el gran viento delicioso que había en ese lugar ¿Nuestro lugar? Cualquier lugar era nuestro. Podríamos estar en los grandes salones de París o allí. Daba lo mismo, éramos siempre los mismos en cualquier lugar que era nuestro lugar. A veces eran los años 20' y no nos dábamos cuenta de las sonrisas de la gente. Otros momentos eran los años 40' 50' 90' 2200... Quién sabe qué año era realmente. Cualquier época era de nosotros.
El Club del Dragón era como la sangre misma, como si todo estuviera en nuestras almas ¡Somos tan felices! Todo era nuestro, todo es nuestro. El mundo se sumergió con nosotros para ser parte de nuestra sangre real, tristemente exquista.
Y se rieron y quería llorar. Nuestro nombre era la fuerza, esa fuerza que encantaba con sólo oír su nombre... Club del Dragón. Y Cortázar en su trono de papel se reía de nosotros por haber robado un pedacito de su historia, pero nosotros reíamos con él porque la felicidad y el arte (sobretodo el arte) se mecía en nuestras manos deliciosas.
No podría desear nada más... Quizá algo. Esperar a los que faltan tan sólo... A los que sólo les falta poco tiempo para ingresar al Club.
O quizá nadie más.
Quién sabe.
- Escuchando a Bessie Smith "St Louis Blues"











